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30 mayo 2012

"El Sueñero" en Continuará

Un nuevo capítulo de Continuará dedicado a "El Sueñero", de Enrique Breccia, que fuera publicada originalmente en la primera etapa de la revista Fierro, a partir de 1985.

12 diciembre 2011

Alack Sinner en Continuará...

Alack Sinner es el gran personaje de historieta creado por la dupla conformada por Carlos Sampayo (guión) y José Muñoz (dibujo).

A continuación, podemos disfurtar de un nuevo capítulo de Continuará, la serie conducida por Juan Sasturain, dedicado al famoso detective Alack Sinner:


10 diciembre 2011

El Cabo Savino en Continuará....

En la segunda temportada de Continuará, la serie que conduce Juan Sasturain, se cuenrta algunos capítulos de la historieta argentina desde los años ochenta hasta nuestros días. Este Capítulo dedicado al dibujante "Chingolo" Casalla y a su más famoso personaje: El Cabo Savino.

16 agosto 2011

El Eternauta II en Continuará

La segunada temporada de Continuará, el programa de Juan Sasturain, ha dedicado uno de sus capítulos a la Segunda Parte de El Eternauta.

A continuación, el programa donde se cuanta la historia de la saga del libro de historietas más reconocido de nuestro país:


Para ver el capítulo de "Continuará" dedicado al primer libro de "El Eternauta", ckick en El Eternauta, Oesterheld y Solano López en Continuará (en el Día de la Historieta)

30 mayo 2011

Artefacto 42


Artefacto, la gran revista en PDF, que lleva adelante el gran Omar Zevallos llega al número 42 con una nota a Víctor Vélez, más conocido como Chubasco, un artículo sobre Las Chicas de Divito escrito por Juan Sasturain, un porfolio de trabajos de Denis Zilber, un homenaje al gran Carlos Trillo y como siempre toda la info del ambiente del humor gráfico, la historieta, la caricatura y la ilustración. Imperdible!.

Para bajarla, pueden hacerlo dando click en:

08 marzo 2011

Homenaje a Eduardo Ferro por Juan Sasturain

En el día de ayer, Página/12 publicó en su contratapa un texto de Juan Sasturain dedicado al querido Eduardo Ferro que trascribo a continuación en el blog (lo tomo íntegro de la página web del diario):

Arte de ultimar Ferro
Por Juan Sasturain

La semana pasada se murió, muy viejito y glorioso, Eduardo Ferro. Uno de los mejores humoristas gráficos y creadores de historietas que ha dado este país. Y de los más queridos. Las crónicas recordaron que había nacido en 1917 en Avellaneda, que empezó a publicar a los 17 y que trabajó siempre, hasta que ya no pudo. Aunque hizo tiras en los diarios –la más famosa fue el Chapaleo (sólo él podía hacer una tira diaria con el personaje de un buzo), que estuvo años en la contratapa de La Razón–, su obra está ligada indisolublemente a las revistas, a los semanarios de Dante Quinterno: Patoruzú –desde los años treinta– y Patoruzito, a partir de la década siguiente. Y publicó siempre ahí –recordaron las crónicas– prácticamente hasta que desaparecieron. Calculemos: lo de Ferro son más de cincuenta años haciendo chistes, ilustraciones y, sobre todo, creando personajes inolvidables. Una barbaridad.

Ya en términos más personales, me parece que el apogeo creativo y el mejor momento –en cuanto a repercusión popular– de Ferro debe estar entre los años cincuenta y el primer tramo de los sesenta. Si tuviera que elegir por el dibujo, por ejemplo, pocas cosas suyas me gustaron más que los pesados gauchos (más los perros y esos caballos de vasos anchos) de la sección “Pampa bárbara” –un clásico del anuario de Patoruzú– o las ilustraciones camperas para los cuentos del bolacero Don Rosa, escritos por Mariano Juliá. También dibujaba muy lindos guapos de barbijo y escenas orilleras. Bah: dibujaba todo bien, Ferro.

De sus personajes de historieta –propios de la época: tipos marcados por una única característica siempre repetida en tres o cuatro cuadritos autoconclusivos–, todos ellos publicados en Patoruzú, el que más pegó, al principio, fue el gordito Bólido. De párpados a media asta y jopito y labio inferior algo caídos, el lento cadete adolescente fue marca registrada, se convirtió en apodo, apelativo popular. Hoy sería absolutamente incorrecto. De esa primera época son también Cara de Angel y El Fantasma Benito (que le “regaló” Quinterno), de largo recorrido pero menos originales. Con el tiempo, ya alrededor de los sesenta y en el mismo semanario, Ferro crearía, junto a la loquita Pandora, otro personaje perdurable ya desde la figura: Tara Service. Ese gordo de holgado mameluco, oso grandote de ojitos juntos y manos torpes como rodillas, icono de los técnicos que arreglan todo con alambre y que no dejaba televisor o electrodoméstico sin destrozar, tuvo y tiene la presencia de un clásico.

Sin embargo, la memoria colectiva y el juicio de la crítica –si cabe– asociará por siempre el nombre de Eduardo Ferro al de su máxima creación: Langostino. No cabe duda de que es lo mejor que hizo, acaso porque es lo más libre y loco, donde mejor se expresó. Se publicó desde el número inicial de Patoruzito, en la primavera de 1945, y llegó hasta el final del semanario como tal, hacia 1962. El hecho de que Langostino –a diferencia de sus otros personajes– se publicara en una revista de historietas de aventuras con estructura folletinesca de “continuará” y al ritmo de una página por entrega, fue acaso determinante de su originalidad.

Langostino, “navegante independiente”, según la definición que le impondría Ferro, nace paradójicamente condicionado. Sugerido por el jefe Quinterno para medrar en la estela de la fama del histórico Vito Dumas, navegante solitario y héroe nacional de la época, Langostino Mayonesi (tal su nombre completo) es en el principio un grotesco barquero del Riachuelo que sólo aspira a comprarse su propia lancha –la bella Corina– y salir a recorrer el mundo. Hay cierta rigidez en el dibujo inicial –esa mandíbula inferior prominente le serviría, como al pelícano, para pescar– que se afloja con el correr de las páginas y las aventuras, cuando finalmente Corina pone proa al mar abierto, metáfora de la libertad en todos los sentidos.

Así, Langostino, como sucedía con la otra obra maestra que publicaba Patoruzito en la página de al lado, Don Pascual (antes Mangucho & Meneca), del increíble Roberto Battaglia, se irá transformando, con el tiempo, en un ámbito propicio para la invención narrativa absoluta, un espacio libre para la creatividad y el saludable, poético, disparate.

Todo puede pasar en las aventuras de Langostino cada vez que, cantando y trepado a Corina –cada vez más chiquita, casi una palangana saltarina alrededor de sus pies y sobre las olas que apenas toca– alguien se cruza, un pájaro hablador se posa, un submarino emerge, una tormenta lo deposita en ínsula extraña, alguien lo pesca con red, una frontera con inesperado guardia anfibio lo detiene. Lo notable es que, cada semana, en el cuadrito final de abajo a la derecha, el autor participaba al lector (o “con el lector”, mejor) de la incertidumbre por lo que se venía: “¿Y ahora? ¿Quién será éste?” o, si no: “¡Pobre Lango! ¿Cómo zafará de ésta?”. Y hoy no nos cabe duda de que el propio Ferro, creador sin red, iba saludablemente descubriendo las aventuras con su propio personaje y frente a los deslumbrados, cómplices lectores.

Langostino no era un héroe, ni siquiera un antihéroe: sólo estaba ahí, a lo que venga. Bonachón, suspicaz e ingenuo a la vez, con arranques de ira, debilidades múltiples y una nobleza básica, a menudo caía –como en las invenciones de un Jonathan Swift sin acidez– en países extraños de idiomas o costumbres singulares, pretexto para finas ironías; se veía envuelto (por confusión, por torpeza, por tonta codicia) en los delirios de gobernantes megalómanos, reinas locas y casaderas o tribus delirantes que permitían la sátira liviana. Al principio y al final estaba, siempre, la bendita libertad; el ideal del vagabundeo sobre un mar cuyas olas, perfiladas limpiamente y con trazo a veces tembloroso, nadie dibujó mejor.

El hermoso dibujo que acompaña esta nota no es de Ferro. Es un homenaje que le hizo hace un tiempo el gordo Oscar Grillo, notable, incombustible dibujante argentino que vive famosamente en Londres desde hace mucho pero que no se olvida de dónde viene. No sabría, no podría, no querría hacerlo. Grillo (re)dibujó al Langostino de Ferro junto al Popeye de Segar –“El cuento de dos marinos”– como quien deja constancia y rinde tributo a la belleza, la inteligencia y el arte que nos tocó vislumbrar ya de pibes, diseminado, disimulado en las páginas hoy amarillentas de las revistas de historietas.

Eduardo Ferro es parte definitiva de ese memorioso patrimonio que agradecemos.

05 noviembre 2010

Sasturain en adn

Con motivo de la próxima preparación un libro que publicará en 2011 (cuya historia viene madurando desde hace casi dos décadas), y que ya está prepara la nueva temporada de su ciclo televisivo Continuará, adn cultura publica en su edición de hoy una nota a Juan Sasturain que pueden leer dado click aquí.

29 septiembre 2010

Quino y Mafalda en "Continuará..."

Quino y MafaldaEn los siguientes tres videos, podremos disfrutar de u nuevo programa del muy buen ciclo conducido por Juan Sasturain: "Continuará...", esta vez dedicado a Quino y Mafalda.

Este nuevo, e imperdible!, programa de Continuará (que recomendo a todos ver !!!), cuenta con los testimonios de Miguel Rep, Miguel Brascó, Daniel Divinsky, Eduardo Maicas y del propio Quino.

Parte 1:


Parte 2:


Parte 3:


otros programas del ciclo "Continuará...":
- Patoruzú y Dante Quinterno en "Continuará..."
- El Eternauta, Oesterheld y Solano López en Continuará (en el Día de la Historieta)
- Alberto Breccia y Mort Cinder en Continuará
- Inodoro Pereyra y Roberto Fontanarrosa en Continuará

14 septiembre 2010

Patoruzú y Dante Quinterno en "Continuará..."

Patoruzú y PamperoOtro episodio más del muy buen ciclo conducido por Juan Sasturain: Continuará...

Hoy posteo el video con el capítulo dedicado a Dante Quinterno y la Revista Patoruzú.

En una nueva (y por que no decirlo, imperdible) entrega del programa Continuará, podemos ver los testimonios de Caloi, Norberto Van Rousselt (Investigador, miembro de "La Bañadera del Cómic"), Guillermo Roux y una verdadera joyita: un pequeño extracto de la charla que tuvo, en la Feria del Libro de 2008, Carlos Garaycochea con Eduardo Ferro y el propio Guillermo Roux.

Parte 1:


Parte 2:


Parte 3:

04 septiembre 2010

El Eternauta, Oesterheld y Solano López en Continuará (en el Día de la Historieta)

El EternautaComo ya todos saben, hoy se celebra en Argentina el Día de la Historieta (también conocido como el Día H).

La Comisión Pro Día de la Historieta eligió el 4 de Septiembre porque en esa fecha, en 1957, llegaba a los kioscos Hora Cero Semanal.

En aquella revista, con guiones de Héctor G. Oesterheld los chicos de la época disfrutaron de las aventuras del oeste de Randall the Killer (con dibujos de Arturo del Castillo), las amargas historias de guerra de Ernie Pike (dibujadas por Hugo Pratt) y una aventura como no se había visto nunca, en parte bélica, en parte ciencia-ficción y que ocurría a la vuelta de la esquina. Esa historieta -que dibujaba con lujo de detalles Francisco Solano López- se llama El Eternauta.

Es un buen día entonces, para ver el episodio del ciclo Continuará (el programa de Juan Sasturain que se emitió por el Canal Encuentro) dedicado a El Eternauta:

Parte 1:


Parte 2:


Parte 3:


Parte 4:

25 agosto 2010

Alberto Breccia y Mort Cinder en Continuará

Mort Cinder es considerada una de las historietas más importantes de la historia a nivel mundial, coincidiendo en uno de los puntos más altos de la escritura de Héctor Germán Oesterheld y el arte de Alberto Breccia.

En otra imperdible entrega del programa Continuará, (la primera del programa de Juan Sasturain que se emitió por el Canal Encuentro), podemos ver los testimonios de Domingo ("Cacho") Mandrafina, Horacio Lalia y Carlos Vogt para dar vida (junto al conducto del ciclo) a una de las páginas más brillantes de la historia de la historieta argentina.


Parte 1:


Parte 2:


Parte 3:

12 agosto 2010

Inodoro Pereyra y Roberto Fontanarrosa en Continuará

Inodoro Pereyra y Roberto Fontanarrosa en ContinuaráEn una imperdible entrega del programa Continuará, (programa de Juan Sasturain que se emitió por el Canal Encuentro), pudimos ver en la "pantalla chica"´unos de sus capítulos dedicados al gran personaje del negro Fontanarrosa: Inodoro Pereyra.

El ciclo Continuará, comenzó a emitirse en abril de 2010 y constó de 13 capítulos dedicados a la historieta y el humor gráfico argentino.

Amigos del blog, siéntense cómodamente en su sillón favorito y no se pierdan estos 30 minutos del capítulo de dedicado a Inodoro Pereyra:

Parte 1:


Parte 2:



Parte 3:

04 febrero 2009

Divito por Saturain en Página/12

Para no perderse: Las chicas grandes de Divito por Sasturain en conmemoración por cumplirse este año el 40° aniversario de la desaparición física de uno de los más grandes del humor gráfico argentino: Guillermo Divito.

20 julio 2007

Homenajes al Negro Fontanarrosa X

Daniel Paz, en la tapa de Página/12:


Además, una hermosa nota de Sasturain en el mismo diario: El Mejor (que reproduzco a continuación).

El Mejor
por Juan Sasturain

Entonces uno se anima –con todos estos paraguas abiertos– a decir que el Negro Fontanarrosa era, simplemente, el mejor. En todos los sentidos. Pero sobre todo, muy buena gente. De buenísima leche. Estoy hablando de vida social, de vida profesional, de colegas y de amigos. De una sanidad invulnerable al halago y a las miserias del celo. En él, como en otros, se intuye que es cierta la idea del humor –que en él era un reflejo, una manera, un tic personal– como una forma superior de la inteligencia, de la sabiduría. El se cagaría de risa ante esto. Pero es cierto. No tomarse en serio es la única forma seria de tomar las cosas. Y así iba, con naturalidad de la gracia a la desgracia. Contaba, hace un tiempo, ya muy jodido: “Uno lo primero que se pregunta es ¿por qué a mí? Pero después pensás: ¿Y por qué no?” Era el mejor: en los últimos tiempos se prestó (literalmente) para lo que quisieran hacer de él, con él o sobre él. Siempre estaba ahí. Se hizo cargo del embarazo ajeno, de lo que podían sentir los demás ante su enfermedad manifiesta, y en los últimos años –tan jodido y dependiente como estaba– era capaz de hacer que todo el mundo se sintiera casi “cómodo” en su presencia, sin una queja, con humor imperturbable, laburando al filo del final, haciendo como si nada. Era el mejor, digo, como tipo.

Y del escritor, del humorista y del dibujante sólo cabe lo mismo: era el mejor de nosotros. De nuestra generación, seguro, me animo a decir. Probablemente, alrededor de estas líneas habrá muchas que se dediquen al elogio de Fontanarrosa en cada rubro, y va a estar bien. Sólo cabe subrayar un par de cosas.

Primero, el increíble nivel de calidad que fue capaz de sostener con una producción de semejante volumen. No es fácil; es casi imposible, si no se es un genio. Más de treinta años y otros tantos tomos del Inodoro son la evidencia de que el Negro lo era. Y los cuentos. La cantidad y calidad de sus cuentos. Isidoro Blaisten –que sabía de esto– suponía que toda una obra literaria (la suya, por ejemplo) se justificaba con haber logrado dejar un par de textos perdurables. En el caso del Negro, son una docena los relatos rigurosamente antologables (cada uno tiene los suyos) dentro de una producción vastísima. El último libro, El rey de la milonga, que escribió ya cachuzo, es extraordinario.

La otra cosa para señalar –y terminar– es el “lugar” de Fontanarrosa. El Negro es, sin salvedades de ningún tipo, uno de los grandes narradores argentinos de todos los tiempos. Se podría considerar, desde la perspectiva de aquellos que conciben la producción literaria o la tarea artística en general como una competencia o carrera, que nuestro amigo –como decía el Gordo Soriano en famoso artículo sobre Stan Laurel y Oliver Hardy, el Gordo y el Flaco– cometió “el error de hacer reír”. Es decir: el prejuicio respecto del tono –y de los temas, agregaría– de muchos de sus relatos hicieron que, hasta no hace mucho, algunos no lo vieran como escritor, no lo registraran como tal. No había casillero habilitado para él en el sistema de la literatura argentina. Eso le (nos) importaba un carajo. Nunca miró a los costados cuando escribía (cada vez mejor) y siempre tuvo y le sobró de eso que hace que un escritor lo sea: lectores. Después de su talento, es lo que más le envidiamos.

En los últimos tiempos recordé y cité con frecuencia una definición suya de la amistad: “Un amigo –decía el Negro– es alguien con el que no te tenés que cuidar ni reprimir (seguro no eran ésas las palabras pero sí el sentido). Hay una base de confianza que nada puede conmover. Por eso, si un amigo viene y te dice No sabés la película iraní que acabo de ver, vos le podés decir: No me empieces a romper las pelotas...”

Eso es precisamente lo que me gustaría que me dijera ahora, después, en algún momento, cuando lea estas pelotudeces fruto de la tristeza y de la impotencia.