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20 noviembre 2010

PolitiK. El manifiesto gráfico

Apolo, el protagonista del cómic 'Politik' (Roca Ed.) demuestra que las preguntas son tan importantes como las respuestas. "Son cuestiones que parecen muy simples. Parece de cajón que un político corrupto debería ser expulsado de su partido o que no deberían a estas alturas pronunciar frases sexistas. Por eso es tan alucinantes que el niño de cinco años llegue a conclusiones básicas y que no se cumplen", explica Emma Reverter, guionista del cómic ilustrado por Màriam Ben-Arab.

Usar este tipo de personajes a la hora de poner el acento en aspectos duros o patéticos de la sociedad puede confundir en su fin (no es un libro para niños, si acaso, de adolescentes en adelante), pero supone al menos una ventaja. "Siendo la crítica muy dura, a través del humor y de la mirada de un niño al menos nos podemos reír un rato", señala.

En cualquier caso, "hay varios niveles de lectura", precisa Reverter, así que mientras a los más pequeños les pueda llamar la atención el pelo desordenado de Apolo, quienes no necesiten ya mirar el concepto de democracia en el diccionario pueden pasar a las cuestiones que va planteando el inquieto personaje. Un par de ejemplos: "El político es como el material reciclado. Siempre te lo encuentras con un cargo nuevo en otro sitio" o "Si celebramos la victoria de Obama en Estados Unidos, ¿por qué no tenemos políticos negros o hijos de extranjeros en el nuestro? ¿No hay?".

No se hace referencia a personajes reales (excepto con Obama o con los dictadores de Sudán o Corea del Norte), ni falta que les hace. Eso sí, "cualquier parecido con la realidad es pura intencionalidad", tal y como anuncian en el propio libro.

"Al final se trata de una forma de entender la política muy latina. Es sobre políticos viscerales, de corrupción de andar por casa, de trajes y relojes, o que gritan por la radio del taxista. Todo muy español o italiano. De hecho, hay una editorial en ese país que está tanteando publicarlo allí".

La editorial ha mandado ejemplares a algunos partidos políticos -no precisan a cuáles ni a quién-, a ver qué pasaba. No ha habido contestación.

Fuente: diario El Mundo

23 mayo 2010

Humor Gráfico Bicentenario

El Mosquito
En el Suplemento Enfoques (especial Bicentenario) que acompaña la edición dominical de hoy el diario La Nación, se publica una muy interesante reseña realizada por Pablo de Santis titulada "La verdad escondida".

En la misma Pablo De Santis, resume el papel del humor gráfico en estos 200 años valiéndose de las grandes publicaciones que plasmaron la producción (y opinión) de los grandes artistas que habitaron y habitan el suelo argentino.

La nota, que reproduzco íntegra a continuación de este párrafo, vale la pena leerse:

El humor gráfico con intención política surgió siempre del contraste entre el boato de la escena -proclamas y uniformes, gestos adustos y poses estatuarias- y la verdad escondida, hecha de ambiciones, conflictos y desorden. La caricatura del siglo XIX, que repetía en nuestras publicaciones el estilo de las revistas francesas e inglesas, tenía una moraleja omnipresente: el caos. Los cuadros son un aquelarre de personajes y objetos. En el siglo XX la escena se despojó. Cuando los actores políticos eran pocos, en el dibujo aparecían muchos; cuando los protagonistas se multiplicaron, se prefirió una escena unipersonal. El humor se concentró en un punto, en un instante, y prefirió la ambigüedad a la moraleja.

Caras y CaretasDe los tiempos de las guerras por la independencia se conservan unas pocas caricaturas. Oscar Vázquez Lucio (Siulnas), un estudioso del humor gráfico argentino, ha mencionado entre las primeras páginas las que se burlan de la relación entre O´Higgins y San Martín. En una litografía San Martín monta al general chileno como si fuera un burro; en otra, el Libertador aparece convertido en un tigre sanguinario. La transformación animal siempre fue uno de los rasgos habituales de la sátira, porque permite representar con facilidad sustantivos abstractos, como la astucia, el valor o la cobardía.

Con la aparición de El mosquito (1863-1893), que condujo largo tiempo Henri Stein, el humor gráfico tiene su primera publicación profesional. Tuvo por blancos repetidos a Bartolomé Mitre y a Sarmiento, pero su propósito primero era vender revistas. En 1883 aparece otra famosa revista: Don Quijote (1884-1905), dirigida por el español Eduardo Rojo, que dibujaba sus páginas junto a José María Cao y Manuel Mayol. Los tres conocieron fugaces encarcelamientos. Siguieron las famosas Caras y caretas (1898-1941) y PBT (1904-1918), ambas creadas por el Eustaquio Pellicer (¡cuántos españoles en la historia de nuestro humor!), que convocaron legiones de lectores. En todas ellas publicó sus dibujos el gallego José María Cao, quien además fue el primer director artístico del suplemento literario de LA NACION.

Tía VicentaA medida que el siglo XX avanzaba, la caricatura política debió compartir espacio con rivales de peso: la historieta de aventuras, la tira cómica, el chiste suelto. La caricatura ya no era una escena, sino un rostro, donde se resumía un conflicto o una psicología. La aparición de los dibujos del norteamericano Saul Steinberg en la revista española La codorniz convenció a artistas originalísimos pero que no tenían como entrarle al dibujo clásico, que también ellos podían publicar. Así irrumpieron, en las páginas de Rico Tipo , Oski (autor, junto con Carlos Warnes, de los Consejos para gobernantes ) y Landrú, creador de Tía Vicenta . Medrano, que publicaba sus Grafodramas en LA NACION, y Calé, autor de Buenos Aires en camiseta , se preocuparon más por retratar a la sociedad que a sus políticos.

En la segunda mitad del siglo XX hubo lugar para el uso sutil y universal de lo político (la Mafalda de Quino), el grotesco salvaje (la revista Satiricón de Oscar Blotta), el trazo genial de Hermenegildo Sábat (en Clarín ), las portadas que desafiaron a la dictadura militar (Andrés Cascioli, en Humor ). Agreguemos el humor cordobés sumado a la vanguardia gráfica en Hortensia (que contaba en sus filas con Fontanarrosa y Crist), los políticos convertidos en personajes de historieta (Los Alfonsín, de Rep, también en Humor ), el chiste-editorial de portada (Rudy y Daniel Paz en Página 12 )... Nada superó en delirio a las aventuras de Mangucho y Meneca, la historieta que Roberto Battaglia publicaba en Patoruzito, donde el presidente Frondizi aparecía siempre con la cabeza metida en una estufa y el almirante Rojas sufría el acoso de un encapuchado con
garrote.

El humor acompañó la historia de la nación casi Humordesde su comienzo. Nacido como copia de la ilustración extranjera, con el correr del tiempo probó con originalidad todas las innovaciones posibles. En las relaciones con el poder no faltaron los conflictos: secuestros de revistas ( Humor ), juicios a granel, clausuras ( Don Quijote , Cascabel , Tía Vicenta , Satiricón ) y hasta un disparo del que José María Cao se salvó por milagro.

En 1912 el mismo Cao escribió: "El dibujante hace sus caricaturas sin acritud ni malquerencia: para él los hombres son símbolos". El Bicentenario, tiempo de balances, es buena ocasión para mirar esos viejos y nuevos símbolos no ya como dibujos dispersos sino como un rompecabezas de nuestra identidad.